18 de agosto de 2026
18 de agosto de 2026
FICHA
Autoría: Rüdiger Dorn
Ilustraciones: Glen Brogan
Editorial: Ravensburger
Participantes: 2-6
Edad: +8
Tiempo: 40'
Precio: 19,95€
Complejidad: 1,18 / 5
Introducción
Hay juegos que necesitan unas cuantas rondas para enseñarnos dónde está la gracia. Las Vegas tarda apenas un turno. Tiramos un puñado de dados, elegimos uno de los resultados obtenidos y enviamos todos los dados con ese mismo valor al casino correspondiente. Parece sencillo, y lo es. El problema empieza cuando descubrimos que el resto de la mesa pretende llevarse exactamente el mismo dinero, y que cuando dos colores empatan en número de dados en un casino, ambos quedan fuera del reparto.
Esta edición recupera un diseño que apareció originalmente en 2012, publicado por alea/Ravensburger y firmado también por Rüdiger Dorn. Aquel Las Vegas llegó a ser nominado al Spiel des Jahres de 2012, una buena muestra del impacto que tuvo una propuesta muy sencilla de explicar, pero capaz de generar bastante tensión y conflicto alrededor de la mesa. Más de una década después, Ravensburger lo devuelve a las tiendas con una presentación renovada y algunos elementos añadidos.
Entre ellos encontramos el dado Biggy, que cuenta como dos dados al resolver las mayorías, y la variante de El bandido de un brazo, que introduce un séptimo casino con sus propias reglas. El núcleo, sin embargo, sigue siendo el mismo; es decir, un juego de dados inmediato y fácil de explicar, pero con suficiente mala intención como para que ninguna suma de dinero parezca segura hasta que se coloca el último dado.
Cómo se juega
En Las Vegas competimos durante tres rondas por hacernos con el mayor botín posible. En el centro de la mesa colocamos los seis casinos, numerados del 1 al 6, y situamos junto a cada uno dos billetes al azar. Cada color dispone de seis dados normales y un dado grande, el Biggy, que cuenta como dos dados cuando resolvemos las mayorías.
Cuando nos toca, lanzamos todos los dados que todavía tengamos disponibles. Después elegimos uno de los valores obtenidos y colocamos todos los dados que muestren ese número en el casino correspondiente. Si hemos sacado tres cincos y decidimos utilizar los cincos, los tres deben ir al casino número 5. No podemos reservar ninguno para más adelante.
A partir de ahí, el turno pasa a la siguiente persona y seguimos haciendo lo mismo hasta quedarnos sin dados. Como en cada tirada podemos colocar uno o varios, no todo el mundo termina al mismo tiempo. Esto hace que las últimas decisiones tengan bastante peso. De hecho, mientras algunas manos ya están vacías, otras todavía pueden alterar una mayoría que parecía asegurada.
El Biggy se coloca exactamente igual que cualquier otro dado, pero cuenta como dos a la hora de determinar cuántos dados tenemos en un casino. Eso permite defender una posición con más fuerza sin necesidad de acumular tantos dados físicos.
Los empates eliminan
Cuando todos los dados están colocados, resolvemos los casinos uno a uno. Antes de repartir el dinero comprobamos si hay empates en la cantidad de dados. Precisamente, aquí está una de las claves del juego. Y es que si dos o más colores tienen exactamente la misma cantidad en un casino, todos ellos quedan fuera de ese reparto. Retiramos esos dados y continuamos comparando únicamente las posiciones que siguen en pie. Esto provoca situaciones especialmente tensas. Podemos tener una mayoría aparentemente cómoda y ver cómo una última tirada iguala nuestra cantidad. En ese momento ambas partes desaparecen del reparto y el dinero puede terminar en manos de quien apenas había invertido un dado.
Una vez eliminados los empates, quien tenga la mayor cantidad recibe el billete de mayor valor. La siguiente posición obtiene el segundo billete. Si solo queda una presencia en el casino, se lleva el billete más valioso y el otro se retira. Si hay más posiciones que billetes disponibles, las restantes se quedan sin premio. Guardamos el dinero conseguido, recuperamos nuestros dados y preparamos una nueva ronda colocando otros dos billetes junto a cada casino. Tras completar la tercera ronda, sumamos todo el dinero acumulado. Gana quien haya conseguido la mayor cantidad. En caso de empate, vence quien tenga más billetes y, si la igualdad continúa, compartimos la victoria.
Dados neutrales y el bandido de un brazo
Cuando jugamos entre dos y cuatro personas, añadimos dados de un color neutral. Los lanzamos y colocamos junto con los nuestros, siguiendo las mismas reglas, pero al final se consideran como una presencia independiente. Si esos dados ganan dinero, el premio se retira de la partida. De esta forma aparece una mayoría adicional que podemos utilizar para bloquear o complicar el acceso a determinados casinos.
La edición también incluye la variante de El bandido de un brazo, especialmente pensada para partidas con cinco o seis participantes. Funciona como un séptimo casino, pero sin un número fijo; esto es, podemos enviar allí dados de cualquier valor siempre que ese valor no se haya utilizado ya en ese espacio. Al resolverlo no se eliminan los empates del modo habitual. Si varias posiciones tienen la misma cantidad de dados, comparamos la suma de sus valores y, si persiste el empate, el dado de mayor valor decide.
Valoración y conclusión
Lo mejor de Las Vegas es que consigue generar tensión con muy pocas reglas. En cada turno solo tiramos los dados, elegimos un valor y colocamos todos los que coincidan, pero esa decisión rara vez resulta automática. Tenemos que valorar cuánto dinero hay en cada casino, cuánta competencia encontramos y, sobre todo, qué riesgo asumimos al acercarnos a una cantidad que puede terminar en empate. Esa sencillez hace que podamos explicarlo en pocos minutos y que la partida entre rápidamente en materia.
Desde nuestro punto de vista, el sistema de empates es la gran idea del juego. No premia simplemente a quien acumula más dados, sino que permite atacar una mayoría igualándola. Dos posiciones aparentemente fuertes pueden anularse entre sí y dejar el premio en manos de una tercera que apenas había invertido recursos. Esto provoca cambios constantes en la mesa y hace que tengamos que mirar tanto nuestras opciones como las de quienes compiten por los mismos casinos. La interacción es muy alta pese a que las acciones sean muy sencillas.
También funciona bien la relación entre azar y decisión. Evidentemente dependemos de lo que salga en los dados y hay tiradas que nos dejan pocas alternativas interesantes. De hecho, Las Vegas no intenta esconder esa dependencia del azar, y conviene asumirla desde el principio –al fin y al cabo nos encontramos en la ciudad del juego–. Sin embargo, casi siempre podemos decidir dónde nos perjudica menos colocar lo obtenido, si merece la pena reforzar una mayoría o si resulta más rentable buscar un empate para sacar a otra posición del reparto. No tenemos un control absoluto, pero sí suficientes decisiones para que la partida no se limite a lanzar dados y esperar.
Precisamente ese azar puede ser uno de sus principales inconvenientes. Podemos preparar una posición durante varios turnos y perderla por una última tirada especialmente favorable de otra parte de la mesa. Quien busque planificación a largo plazo o un control elevado sobre el resultado puede encontrar el juego demasiado imprevisible. En nuestro caso, entendemos esa volatilidad como parte esencial de su propuesta, aunque también hace que algunas derrotas resulten bastante arbitrarias.
Otro punto a favor es su duración. Tres rondas son suficientes para que aparezcan enfrentamientos, cambios de fortuna y algún golpe especialmente doloroso, pero la partida termina antes de que la mecánica se desgaste. El ritmo se mantiene alto porque los turnos son breves y las decisiones se resuelven rápidamente. El único pequeño freno aparece cuando nos quedamos sin dados antes que el resto y tenemos que esperar a que termine la ronda, algo que puede suceder si colocamos grupos grandes demasiado pronto.
La escala también influye bastante. Nos ha parecido más interesante con una mesa numerosa, porque aumenta la disputa por los casinos y resulta mucho más difícil asegurar una mayoría. Con cinco o seis participantes hay más amenazas, más posibilidades de empate y más oportunidades de perjudicar una posición que parecía resuelta. Esta sensación coincide además con el propio diseño de la variante de la máquina tragaperras, recomendada específicamente para cinco y seis. A menos participantes sigue funcionando gracias a los dados neutrales, pero estos actúan como una presencia artificial y no generan exactamente la misma tensión que otra persona tomando decisiones contra nosotros.
El Biggy nos parece una incorporación sencilla, pero acertada. Al contar como dos dados, añade otra pequeña capa de lectura sin complicar las reglas. Podemos construir una mayoría fuerte con menos dados físicos, aunque también debemos recordar que su valor doble puede provocar un empate que no esperábamos a simple vista. La máquina tragaperras aporta algo más de variedad y encaja especialmente bien cuando ya conocemos el juego básico, aunque no creemos que sea imprescindible para disfrutar de la experiencia.
Como aspecto menos favorable, como decíamos, la profundidad estratégica es limitada. Las decisiones importan, pero el abanico de acciones siempre es el mismo y no encontramos una evolución importante entre una ronda y otra. La rejugabilidad procede sobre todo de las tiradas, de los valores de los billetes y del comportamiento de la mesa, no de descubrir nuevas combinaciones o estrategias. Si buscamos un juego de dados ligero y muy interactivo, esto funciona a su favor. Si esperamos una experiencia capaz de crecer mucho con las partidas, puede quedarse corta.
En resumen, Las Vegas es un juego de dados sencillo, rápido y muy interactivo, en el que una regla tan simple como eliminar las posiciones empatadas consigue convertir cada casino en una pequeña batalla. Hay bastante azar y no siempre podremos ejecutar lo que habíamos planeado, pero precisamente esa incertidumbre da pie a muchos de sus mejores momentos. No ofrece una gran profundidad, pero tampoco la necesita; pues su principal virtud está en conseguir mucho conflicto, tensión y diversión con unas reglas que podemos explicar en pocos minutos.